viernes, 6 de febrero de 2015

Hacer las cosas con fe



En la UAQ, le dieron el Doctorado Honoris Causa a Carmen Aristegui. La misma Aristegui que escucho todos los días (o casi todos, cuando no me gana el desespero y opto por alguna música que, aunque sea un momento, me distraiga de las atrocidades que a veces no puedo oír más), ésa cuyo programa fue censurado, oh paradoja, en la ciudad a la que vino para recibirlo.


Llegué temprano, tan temprano que detrás de nosotros se formó la fila para entrar al auditorio. Vi la transformación que sufrió éste del miércoles que fui a dar clase a hoy, cómo limpiaron, pintaron, remozaron y colocaron unas plantas que, para esta hora, ya deben estar secas por el sol del Campus Aeropuerto. Vi también la cara de mis alumnos y alumnas, de mis profesores, la ropa bonita que usamos todos para recibirla; Verito se rizó las pestañas, Lulú hizo a un lado su enfado por las decenas de llamadas que tuvo que atender esta semana para “reservar lugar” (cosa imposible porque los sitios se repartieron en estricto orden de llegada) para ver a la señora, Edgar se peinó, Ceci se puso su mejor sonrisa.

               Que Aristegui no es una héroa lo sabemos, que muchos la consideran tendenciosa, también; que su periodismo no es perfecto queda claro (el tiempo que dedica a ciertas noticias, por ejemplo, en contraposición al que no dedica a otras, es algo que se menciona mucho). Ha sido atacada varias veces y otras tantas ha respondido (incluso tal vez con demasiada intensidad, como cuando Laura Bozzo, sinécdoque de Televisa, la retó públicamente; o como cuando, dijo ella más o menos textualmente, se le imputaba “un presunto lesbianismo” que negó durante poco más de diez minutos). Con todo y eso, su noticiero es el más escuchado en la Ciudad de México y tiene el tercer lugar de audiencia a nivel nacional.


           Vi un recinto llenísimo, con gente fuera mirando por las pantallas, con personas sonrientes, expectantes, dentro.
 Entró Aristegui y los aplausos dejaron todo en claro: gritos y ovaciones para el “Doc” Herrera, para Vero Núñez, para Ceci Badano y para ella, por supuesto. El resto de los presentes tuvo apenas una salpicadita, un “por no dejar” breve e insípido. Luego, las palabras de la Dra. Badano, precisas, divertidas, palabras en cuyo desvío parece que nos perdemos pero que al final nos llevan siempre a la esquina adecuada de las cosas, al encuentro de una idea con otra, de una confianza con otra: ¿qué currículum consideramos para darte el honoris causa?, preguntó, y respondió que el de lo que de verdad importa, ése que Szymborska hace aparecer por irónica ausencia en su poema: el de los pequeños viajes, el de los hijos (tu hijo Emilio, el nacido, dijo Ceci, pero también los nuestros —porque ¿cuántas y cuántos en esa facultad no hemos sido adoptados por nuestra maestra?—); el de su herencia del exilio, el de esas cualidades que hacen que no nos importen sus amores (ni sus odios), que hace que recordemos el valor, y no el precio. Sabemos lo que Ceci estaba pensando pero no terminó de decir por ser extranjera, sé también de lo mucho que no hacía falta nombrar porque se respiraba, se sentía, se reflejaba en las caras coloradas y los ojos húmedos de quienes estaban ahí enfrente, y en el ardor de las palmas de quienes, abajo, no teníamos ganas de dejar de aplaudir.

Ya ustedes saben de mi naturaleza groupística: soy fan del trabajo amoroso de mucha gente que tengo cerca; admiro profundamente a varias personas, mujeres casi todas, a quienes me he acercado muchas veces precisamente por esa admiración que se convierte luego en amistad por una amabilidad suya que no termino nunca de agradecer. Luego, con Aristegui me pasa lo que, estoy segura, le sucede también a muchos de quienes estaban ahí: hay una suerte de cercanía, de posibilidad compartida, de perspectiva. Y hoy todas y todos queríamos rodearla, tomar una foto, tocarle siquiera el hombro; pocos pudieron, muchos nos consolamos gritando desde la tribuna, sonriendo, intentando sacar del dolor de todo lo que nos decía alguna luz, aunque fuera pequeña. Porque en este país en el que se encuentran tantas fosas y casas [blancas, malhabidas, escandalosas] cada vez tenemos menos.

Hoy, al ver a Aristegui bromear, sonreír, mover las manos y reconocerle una estatura mucho menor a la que yo imaginaba —en mi cabeza, claro, era una giganta de 1.90 que intimidaba con su presencia—, me acordé de que no se trata de construir personajes ni mitos; ya en pleno siglo XXI nos ha quedado claro lo poco útiles, lo dañinos, que pueden llegar a ser. Se trata, sí, de pensar que todavía quedan sitios, escenas y personas para colocar y compartir la esperanza: “no pasa nada cuando hago las cosas con fe, pero voy a insistir”, escribe Jimena Arnolfi, y reafirmo entonces que así vamos a insistir, hasta que pase algo; hasta que el simple hecho de salir a la calle no sea un acto de valentía, hasta que se nos devuelva el derecho a sonreír sin muerte.

Gracias, Carmen Aristegui, por aceptar, por venir, por estar. Gracias a quienes lo hicieron posible y a quienes, como tú, luchan desde donde están por contener este país líquido para que no se nos vaya entre las manos. Discúlpanos por hacer un spot de radio para promocionar tu visita —no te apures, quedó sólo entre compas universitarios—, por decirte Doctor y no Doctora, por no querer que te fueras tan pronto. Ésta es nuestra manera de abrazarte, de decir que te queremos (¡al diablo con separar los afectos de los acontecimientos!) y de no dejarnos caer en el espanto.



miércoles, 28 de enero de 2015

Sobre la clase de hoy

Escribo con espanto, con asombro, con algo que no es decepción ni desánimo pero ronda por ahí. Doy clases de Lectura y Redacción II en bachillerato. Antes de siquiera empezar, estaba ya sorprendida por el programa que tenía que usar (el oficial, de la DGB): contempla el primer bloque completo, de dos meses, dedicado a "textos funcionales" (cartas formales, oficios, solicitudes de empleo...). Esto está encaminado a generar obreritos eficientes capaces de realizar tareas básicas con la lengua sin que tengan idea ni interés por nada más; un plan hecho para aburrir, para generar desinterés, para que no les importe a quienes lo estudian. Yo misma me aburro de solo pensar que debo preparar una clase con esos temas y, pese a ello, intento llevar alguna cosa que no sea tan tediosa; también dejé un día a la semana destinado a leer literatura y esa es la sesión que me cuesta más trabajo porque me resulta complicadísimo llevar algo que realmente les diga algo, o los enganche aunque sea un poquito. 

Para ver cartas formales, llevé como ejemplo una adaptación de  la que Lydia Davis escribe al fabricante de chícharos congelados y su tarea consistió en elaborar la respuesta. Una, divertidísima, explica que no se puede modificar el empaque porque éste ha sido diseñado por el difunto hijo del inventado dueño de la fábrica de chícharos congelados, todo con un impecable registro formal y un buen uso de la estructura que estábamos viendo. 

En uno de los libros de Lectura y Redacción que me prestaron en la escuela se sugiere, para el mismo tema, elaborar una carta escrita a quien ellos y ellas consideren adecuado en la que expongan su inconformidad sobre un problema de equidad de género, el que ahí proponen es el de la brecha salarial. Me pareció un gran ejercicio y, con eso en mente, compartí un artículo al respecto. Lo leímos en clase. De inmediato, la incomodidad de mis alumnos hombres se hizo manifiesta: "es que ahora somos cinco hombres y quince mujeres, miss (sí, porque me dicen miss aunque poco a poco dejan eso y me llaman "maestra" o "profe", por expresa petición mía), así no se vale", "ahora resulta que todo es discriminación", "¿pero por qué nos trae este texto si nosotros no somos machistas?". Hasta ahí, todo dentro de la clase de comentarios que imaginaba escuchar. En tres grupos distintos, sin embargo, oí cosas similares que sí me dejaron fría. 

Lo de la violencia de pareja derivó en preguntar por qué el feminicidio estaba tipificado y luego un chico preguntó: "O sea que si me dan celos y mato a mi novia, ¿ya soy un feminicida?" Otro: "las mujeres que se emborrachan son indecentes, y si las violan es porque a eso se exponen" Uno más: "Violar a una mujer sobria es más grave que violar a una mujer borracha". Las chicas, sorprendidas casi todas, conscientes de un montón de cosas, pero con todo y eso apoyando en varias ocasiones los argumentos de sus compañeros. Yo guiaba la discusión intentando participar poco aunque igual intervine varias veces. Una chica: "maestra, le voy a hacer una pregunta muy personal y no me la vaya a tomar a mal por favor". Sorprendida por la advertencia, espero algo fuerte. "¿Es usted feminista?" Sí, respondo sin dudarlo. Ella sonríe, dice un "lo sabía" casi inaudible y continuamos. Al final de la clase, se acerca y me pregunta si voy a marchas, si hago algo; cuando respondo afirmativamente se emociona. No todo está mal, pienso.  Me pidieron discutir más sobre "esas cosas feministas" y mañana les llevo textos, aunque era nuestro día de lectura "de literatura". 

Me es muy difícil no reaccionar mal, me cuesta seguir las discusiones sin perder la calma; pero al final me pregunto si los puedo culpar a ellos y, sobre todo, si con eso lograría algo. La culpa es de nosotros y nosotras, la gente grande, no de ellos. Sé lo pretencioso que resulta creer que puedo cambiar su forma de pensar y no lo hago, pero me siento responsable: discutir lo que se me permite en la estrechez de la materia, cuestionar hasta donde me sea posible, incluso hacer que se enojen: todo lo que pueda lograr que, aunque sea por un segundo, se volteen a ver a sí mismos, me hace sentir un poco aliviada. No estoy ahí para odiarlos, ni para excluirlos, ni para aburrirlos. Estoy para tener paciencia, para pensar, para que vean que no todos los argumentos son válidos, pero sí valiosos en tanto se pueden deconstruir. 

No quiero creer que es tarde, que no se puede. Hasta que empecé a dar clases, hace ya siete años, dije siempre que no quería hacerlo porque veía a madre y padre, ambos maestros de primaria, llenar listas, calificar exámenes, completar boletas, redactar programas... Hoy me encuentro haciendo todo eso con gusto, me veo teniendo miedo y dudando cuál será la lectura adecuada, la actividad, el momento. Sobre todo, me veo sintiendo que esto me hace feliz de muchas y extrañas maneras y que, al menos por ahora, me siento haciendo lo que quiero hacer. Mañana tal vez diga que no soporto más, pero seguro pasado mañana me voy a levantar de la cama antes de tiempo, me beberé un café y saldré a la calle con mis lentes de profe que me muestran el mundo de formas tan extrañas, y sonreiré por entender cada vez menos pero sintiéndome menos sola.

martes, 25 de noviembre de 2014

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, 2.

Hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y, como hace un año, vuelvo a escribir sobre ello. No con las cifras atroces que todos deberíamos conocer, en medio de un país cayéndose a pedazos, con la amenaza de las desapariciones, las detenciones, las muertes. A ellos, los de Ayotzinapa, por ser estudiantes, los desaparecieron: ¿a cuántas en Juárez y en el Estado de México y en tantos otros lugares, por ser mujeres, también? La visibilización está hoy del lado de nuestros 43 que faltan, pero a ellos, lo sabemos todos, debemos sumar esas otras miles, esos otros miles. Parece que nada de lo que podamos hacer es suficiente, pero al mismo tiempo es indispensable: cualquier lucha es importante, cualquier consigna vale la pena y debería poder unirse a las otras.  Hoy, para no sentirme tan perdida, escribo desde lo cotidiano, desde eso que siento muy cerca y necesito enunciar.

1. Soy nueva en esto de autonombrarme feminista. Tuve que vivir hace un año la violencia en mejilla propia para darme cuenta de la serie absurda de esquemas que estaba reproduciendo, de las cosas que no estaban bien en mi manera de relacionarme con los otros (y las otras, en algún sentido, también). Me fui de México a Buenos Aires durante seis meses gracias  a una beca. Y sí,  otro país latinoamericano, con problemas muy parecidos e igual de graves en muchos casos, sin embargo,  por suerte de extranjera, tal vez de temeraria extranjera, la posibilidad de caminar sola decenas de veces, sin sentirme realmente vulnerable y sin que nadie me dijera nada me hizo darme cuenta de cuán acostumbrada estaba a no poder hacerlo libremente en mi país. Decidí, en cuanto llegué,  leer teoría feminista en serio, actuar en serio, rebelarme en serio. Me corté el cabello y sí,  eso probablemente significa lo que ustedes creen que significa (gracias por la curiosidad [?]), y no, no les pregunté -salvo a quienes sí,  por pura duda filial, amistosa-  si creen que me veo mejor de cabello largo o que ahora parezco hombre. Aprendí que ejercer la libertad sobre mi cuerpo es el primer y más importante paso, luego sigue afirmarme y  no hacer lo que de mí se espera sólo por eso.

Me inscribí a un curso sobre lucha feminista y arte contemporáneo,  estoy también en la Escuela de Derechos de las Mujeres (no saben, chicas, de lo que se pierden las que no están ahí. Hacemos rap y toda la cosa). Lo conté y hubo dos reacciones: una, la gente que me dice qué bueno, que le entusiasman quienes hacen todo el tiempo lo que quieren; otra, quienes preguntan que por qué me metí y que me recomiendan tener cuidado porque "no me vaya a volver una feminista radical" y afirman que volví con un discurso medio insoportable. 

2. Tengo una amiga mucho más avezada que yo en el tema que se quejaba porque Emma Watson presentaba una versión light y androcentrista del feminismo. Yo dije de entrada que no estaba quizás del todo mal, y luego lo pensé dos veces, porque claro, Watson es la niña bonita que invita al sector masculino que todas las mujeres hemos dejado cruel y dolorosamente excluido de la lucha, ¿no? Las otras, las que llevan años hablando del tema, las que usan esos términos "radicales" que tanto molestan a ciertos oídos pseudoliberales y pseudoprogresistas y pseudotantomás, ellas son unas histéricas, ¿no?

3. Algunas otras cosas.
Pasé por una clínica en la que se realizan interrupciones legales del embarazo. Qué tal con la violencia ejercida sobre la mujeres que ahí acuden por parte de las católicas que se plantan afuera con carteles enormes y a rezar rosarios "en pro de la vida". El aborto es legal y también su libertad de culto, claro, pero la presión ejercida desde la religión, ahí, me parece sumamente agresiva, condenatoria, casi salvaje. Una amiga me contó que, una vez que ella andaba con dudas de si estaba embarazada, un grupo de esos le ofreció un ultrasonido gratis, que ella aceptó. La llevaron en taxi a un lugar que ella no conocía, le hicieron el estudio que dio negativo, luego la obligaron a ver un vídeo sobre la vida en el vientre y la conciencia (?) del feto (me acuerdo, por cierto, de la pregunta que Seligman lanza a José en Nymphomaniac: ¿puede un feto ser pecaminoso entonces?) y la presionaron para que dijera que, en caso de quedar embarazada, tendría al hijo sin lugar a dudas. Ella, para escapar de ahí, por supuesto lo afirmó.

4. He hablado mucho con algunas amigas sobre su deseo de ser madres y las dificultades económicas y sociales que eso conlleva. Promesas de equidad en el (algún) discurso pero que no suceden realmente de ninguna forma. Pienso en lo legítimo de querer hijos y quererlos con una familia de estructura tradicional y en las otras posibilidades, como no tenerlos. El martes Lina Meruane estuvo presentando, justamente, "Contra los hijos" (del que, por cierto, escribí acá). Algo que ella critica y que percibo en el discurso de algunas amigas es esta idea de la incompletud de las-sin-hijos. Me preocupa que en algunas de ellas, mujeres muy conscientes de sus circunstancias, de la cultura heteropatriarcal en la que vivimos, ésta sea una sensación presente, evidente, que las motive a querer "realizarse" en la maternidad.
5. Ya el artículo de emeequis nos hizo escandalizarnos a una violencia tan evidente puesta en la voz de un periodista. No me sorprendieron los comentarios a la nota, sino los comentarios a los comentarios: hombres y mujeres que salieron a defender el valor literario (?) de la nota de esa brillante pluma en ascenso. En estos días, una mujer sale a hablar de las feminazis desde una perspectiva que sacó, claro, de la visión más misógina y heteropatriarcal del feminismo. Luego, claro, le llovieron reclamos que la obligaron a disculparse porque "no la entendimos bien". Y no, el problema es que quizás la entendimos incluso mejor de lo que ella misma se entiende: nos quedan muy claras sus intenciones de corrección política que no son sus reales convicciones: hoy dice que siempre ha pugnado por la equidad de género y noséquetantomás. Vive, dice, en el centro, porque todos los extremos degeneran en violencia: pregunto honestamente, ¿cómo deberíamos entonces combatir a lo que nos oprime?, ¿con florecitas? ¿No es eso  una prolongación de las conductas que se pretenden en nosotras: lindas, sonrientes, tranquilas, dispuestas?, ¿Es que para ella la equidad ya está lograda? Me desconcierta de verdad el movimiento de mujeres antifeministas que afirman nunca haberse sentido oprimidas en sus vidas, estaría bueno conocer de pasada el planeta en el que ellas viven.

6. A todo esto, añado la violencia contra las manifestantes en las marchas de estos últimos días, documentadas acá y acáe de donde vuelve a sonar la pregunta, ¿contra quién quejarse si es todo un sistema? Ante eso, hago lo que puedo aunque sea poco.

7. Sé cuánto me tuvo que pasar para llegar a esas conclusiones, para sentirme así de libre en muchas cosas y así de indignada por otras tantas y me gustaría que el camino no fuera tan largo, doloroso y difícil para otras y otros, por eso soy feminista, porque cada vez me doy cuenta de más cosas que suceden a mi alrededor y son ofensivas, denigrantes y violentas contra nosotras. Porque agradezco que haya muchas locas, histéricas, feminazis, lesboterroristas e intensas que se oponen a un sistema represivo que nos daña a todas y todos y quiero ser parte de esa lucha.

Estoy reeducándome, leyendo el mundo de manera distinta, por eso me contradigo y cambio tanto: las ideas que tenía tan estables respecto a mi cuerpo, y mi visión del mundo me hacían daño y nos hacen daño sin que nos demos cuenta. Y sí, amigas, amigos, pero sobre todo amigas: soy una intensa, una clavada que se carga un feminismo insoportable, que ya no es la misma que aguantaba la repetición de estructuras que la iban moldeando y pudriendo de a poco y que reclama su derecho a verse como quiere, comportarse como quiere, disfrutar la vida como quiere y, sobre todo, ser feliz.  
 
Si enunciar el machismo, señalarlo y hacerlo visible, si mandar al carajo las cosas que me estorban y a las personas que me agreden e invitarlas a ustedes a hacer lo mismo es ser una feminista radical, pues sí: ésta soy y ésta es la forma en la que elijo plantarme en mi lugar. Voy a gritar un rato. No: siempre. Voy a gritar y voy a señalar y voy a incomodar porque sé lo que se siente enfrentarse contra el monstruo y más de una vez he tenido en la boca el sabor metálico del miedo. Porque ya aprendí que nunca estamos solas.

martes, 28 de octubre de 2014

Colección de gritos sobre el rojo



que en este país
a las mujeres con pelo corto
                         no las miran bien
que en este país
a las mujeres con minifalda
                         las miran muy bien
que si te sales así a la calle
que si no sales a la calle
que si tus amistades raras
que si vas a la fiesta
que si no vas a la fiesta
que importa si al final

        nadie 
                  está 
                          segura
                                      nunca

que importa si nos matan a todas
y a todos y a todes y nos matan todo 
también la esperanza 
nos matan como si fuéramos moscas
no porque al menos las moscas vuelan 
nosotros no volamos 
                 ni en sueños
no comemos 
                 ni en sueños
no vestimos como queremos 
                 ni en sueños


ni siquiera 
                   la piel del rostro 
tenemos para vestirnos señores
nos la arrancan 
porque se la quitan a él 
y nos la quitan a todos
porque en este país
ya no somos más que 
           cráneos desnudos
que cuerpos 
           desnudos de nosotros mismos

no hay peor epidemia 
que la guerra sin nombre
porque no les importa 
              no nos importa 
              no te importa
porque como decía Perlongher
hay cadáveres
sólo que acá ni siquiera están
            bajo las piedras
sólo que acá señores
nuestros cadáveres
son como piedras 
para lapidarnos.

Ellos iban a pedir dinero
para venir 
a la marcha del 2 de octubre
2 de octubrenoseolvidaesdeluchacombativa
2 de octubre
   no
se
   olvida
es
   de
lucha
   combativa
es 
   de
sangre
digresiva
2 de octubre
noseolvida
pero la
memoria
es un hilo frágil
que se tensa
con más muerte

un paso en falso
porque las balas
[cómo pueden 
decirse
para que nos 
lastimen

son balas
y nos gusta 
creer
que no 
pasan 
sobre 
nuestras
cabezas
pero son
balas
balas
balas
nuestras
balas].


Un día vamos a ser
más las muertas 
        los muertos
que los que van a quedar
a contarnos
un día
nos van a poner
                             piedras
en los calzones
                             balas
en los calzones
                             balas en los ojos
[quién no tiene ya mil balas en los ojos]
                             esquirlas en vez de ojos.



si las gotas de lluvia

fueran balas de salva
preferiría estar ahí
cerrando la boca
para no gritar
mmmmmmmmmm

y si dios
es esa maestra
que calmaba 
a los niños
en la balacera
pero está
histérica
con un 
ataque 
de pánico
y si este país
es un 
jardín de niños
que no saben 
que están
teniendo 
miedo
en medio
de la
muerte
que no saben
que pueden
morirse
todos
un día

y si este país
no es un país
sino una mentira
que conserva
las fotos
borrosas
las fotos
rotas
las fotos
quemadas
las fotos
pixeladas
las fotos
veladas
la fotos
rayoneadas
de los desaparecidos
no. que no se nos olvide:
no son desaparecidos
son idos
son borrados
algunos 
en esas fosas
[no todas las fosas 
son recientes,
dijo el gobernador
o sea que 
hay 
muertos
viejos
muertos
calcinados
cadáveres
a los que 
ni el privilegio
del nombre 
les dimos]



ellos
venían a gritar
como yo
que el 
2deoctubre
noseolvida
pero habrán 
pensando
en el 
2deoctubre
cuando 
los llevaban
habrán 
pensado
que querían huir
y habrán querido 
olvidar
ya no el 
2deoctubre
sino el maldito
      interrogatorio
la   interrupción
la   irrupción
de la muerte
      táctil
la muerte
      aquí
despiértense todos
muchachos
vengan a ver
su desaparición
o su muerte
vengan a que la vida
les pase toda
frente a los ojos 
en un segundo
porque no 
valen más
habrán dicho
los policías
o no habrán dicho
nada
porque
para qué gastar
                                                      saliva 
si tenemos 
                  balas
ahí hay 
cadáveres
de normalistas
hay cadáveres 
miren todos
un cuerpo más 
o un cuerpo 
menos
total 
ver a un hombre 
desollado
verle la sonrisa 
forzada 
de unos dientes 
desnudos

total si no son ellos
si no son los de 
Ayotzinapa
quiénes son 
               en todas las fosas
quiénes son 
               en todos los hoyos negros
               que nos tragan
quiénes son


yo no te lo quería comentar
Edith
          pero todas nos caímos
          por un barranco
          y todo es anticuado
          te crees que alguien 
          iba a deternerse
Edith
          y hay que ver al otro lado
Edith
         del otro lado
         hay muertas
Edith
que les dicen las de Juárez
pero son las de         Juárez y Mexicali 
                                  e Ixtapaluca
                                  y Tlatlaya
                                  y Acteal
                                  y Tlatelolco
a ellos por ser        estudiantes
a ellas por ser        mujeres
            a los             niños
los revisan en el    zócalo
porque son             asesinos
                  en potencia
                          o     asesinados
                  en potencia
      no me digas
      que no te dan  miedo 
                          los  niños
Edith
      no me digas
            que no se te encogen 
            los ovarios
      no me digas
            que no te sientes 
            huérfana
      no me digas
que debajo de esa piel
todavía viva
no late el miedo
el miedo
el miedo
el miedo
el miedo
el miedo

y si mejor 
nos morimos todas
así no vamos
a tener miedo
así no vamos
a querer salvar
a nadie

¿se acuerdan
del tipo
que desollaba
perros vivos?

el compañero
     sí el compañero
también 
estaba vivo
veía la carne
desprendiéndose
de su carne
veía sus ojos
inundándose
de la sangre
     de su carne
habrá visto    algo
habrá visto    el rostro
de quien lo dejaba 
                        sin rostro
el compañero
que no tiene 
un asesino

[los perros
tuvieron un recuerdo
más digno
porque no dejamos
que el hombre
              no lo dejamos
que
              no lo dejamos
que 
              volviera a salir
a la calle
como si nada
pero 
el compañero
no tiene 
un asesino
comosiquécosa
al compañero
no lo mató 
nadie
quien lo mató
seguro
abrazó a sus hijos
para no matarlos
también
abrazó a su esposa
¿queriendo matarla?
seguro se abrazó 
a sí mismo
y se dijo there there
ahí está
no pasa nada
por mis manos
no pasa nada
la muerte
no pasa
por mis manos
yo no soy
     un asesino
yo no soy
     un mal hombre
yo me gano la vida.

Yo no diría nada
porque 
qué 
puede
         decirse
porque 
qué podemos 
        hacer
porque seguro
la sangre
es discursiva
sangre
escandalizativa

cuánto rojo
tenemos que ver
para que se nos 
inunden los ojos
cuánto rojo
tenemos que oler
para que se nos 
quite el hambre
cuánto rojo
tenemos que tocar
para que no 
se nos olviden
las manos
vivas
se las
llevaron
vivas
las
queremos
vivos 
siguen
los asesinos
vivos
los veremos
vivos
para
morirlos
en la 
conciencia
para
morirlos
en la 
ofrenda
contra
el miedo

             ofensiva
              incisiva
            inclusiva
la sangre nos compete a todos
         nauseativa
             negativa
acá la sangre
cambio
aquí la sangre
cambio
la sangre
cambio
sangre
cambio
sangre
cambio y fuera
sangre

*Texto leído en la presentación del libro "Poetas Parricidas" en la Feria Internacional del Libro del Zócalo, el viernes 17 de octubre de 2014.

miércoles, 8 de octubre de 2014

***


SANDRA Camacho
vivía
al fondo
de un callejón
empedrado y con baches,
en una zona de riesgo:
en Ixtapaluca,
Estado de México,
territorio
(¿en dónde?)
Ocurre 
(¿en dónde?)
un
(¿en dónde?)
sistemático 
(¿en dónde?)
homicidio 
(¿en dónde?)
de mujeres
desde cuando Enrique Peña Nieto .

 
Ejercía el
despoder
que en
la actualidad:
crece con
desenfreno.
"Hay cosas graves que atender",
ha dicho el gobernador Eruviel Ávila en referencia: a las
más de 600 menores de 20 [muertas].
Años que
han desaparecido
en lo que va de su mandato.

 
S.A.N.D.R.A
[vi
vía
(¿en dónde?)
al
fon
do
em
pe
dra
do
y con baches.]
[y
no
tocaba
el
piano.]